Ser dueño de la red: por qué la soberanía es la próxima frontera para las telecomunicaciones.

Sharad Sriwastawa, Co-CEO | Rakuten Mobile, Presidente | Rakuten Symphony

Sharad Sriwastawa ejerce como codirector ejecutivo y director de tecnología de Rakuten Mobile, así como presidente de Rakuten Symphony, una empresa del Grupo Rakuten que lidera la adopción global de plataformas abiertas y nativas de la nube. Sharad se incorporó a Rakuten en 2018 para dirigir el despliegue de Rakuten Mobile, la red móvil más nueva y moderna de Japón. Fue nombrado para sus cargos actuales en 2023. Sharad ha desempeñado roles ejecutivos de alcance global en la India, Oriente Medio, Australia, Estados Unidos y Asia, colaborando con importantes operadores móviles y proveedores, entre los que se incluyen Reliance, T-Mobile, Telstra, Siemens y el proveedor de tecnología RAN Airspan Networks.


¿Podrías explicar brevemente qué es Open RAN y cómo construyó Rakuten Mobile su red?

En 2018, podríamos haber seguido la senda tradicional de las telecomunicaciones, haber elegido a un proveedor establecido y haber construido la red de la manera convencional. Nosotros optamos por una ruta muy diferente.

Construimos la red de Rakuten Mobile sobre cuatro pilares. En primer lugar, la desegregación total del hardware y el software, utilizando servidores comerciales estándar en lugar de equipos propietarios. En segundo lugar, la virtualización y la migración a la nube completas de cada carga de trabajo: no solo la RAN, sino también el núcleo (Core), el BSS, el balanceo de carga… todo. En tercer lugar, la inteligencia artificial y la automatización desde el primer día. Competíamos contra operadores consolidados en Japón y debíamos controlar nuestra estructura de costes de manera rigurosa. En cuarto lugar, integramos la seguridad desde el principio mediante un enfoque DevSecOps.

Open RAN, tal como nosotros la definimos, va más allá de la simple virtualización del software. Consiste en desegregar por completo la pila de hardware y software, y en alejarse de los sistemas de «caja negra» para avanzar hacia una arquitectura definida por software. Este cambio nos brindó una flexibilidad mucho mayor y generó importantes ahorros tanto en gastos de capital (Capex) como en gastos operativos (Opex), beneficios que ahora podemos trasladar a nuestros clientes en forma de conectividad a un coste más reducido.

En 2018, podríamos haber seguido la senda tradicional de las telecomunicaciones, haber seleccionado a un proveedor establecido y haber construido la red de la manera tradicional. Elegimos una ruta muy diferente.


¿Qué significa la soberanía de red para Rakuten?

La soberanía de red significa que usted es el propietario de la infraestructura, que controla lo que se ejecuta dentro de su red y que define su propia hoja de ruta de software en función de las necesidades de su región geográfica.

En esencia, la soberanía de red supone el fin de la innovación basada en permisos. Durante décadas, los operadores tuvieron que esperar a los ciclos de lanzamiento de los proveedores para introducir nuevas capacidades. La soberanía significa que usted controla su propio destino. No se limita a operar tecnología; es el propietario de su inversión tecnológica.

También observamos que los gobiernos están desplazando su enfoque de la soberanía de los datos hacia la soberanía de la infraestructura y del software. Paralelamente, las presiones geopolíticas están llevando a muchos gobiernos a imponer restricciones a los proveedores de alto riesgo o que no inspiran confianza, o bien a exigir su eliminación. Esta combinación está transformando fundamentalmente la manera en que los operadores conciben sus redes.

La soberanía de red significa que usted es el propietario de la infraestructura; usted controla lo que se ejecuta dentro de su red.


¿Es Open RAN una elección tecnológica o una elección de soberanía?

Es ambas cosas. Open RAN hace que la soberanía sea económicamente viable y operativamente asequible. Se puede hablar de soberanía, pero si resulta demasiado costosa, los operadores no la perseguirán, especialmente dada la presión sobre el ARPU [Ingreso Promedio por Usuario], el CAPEX y el OPEX.

Open RAN ofrece un camino hacia la soberanía que los operadores realmente pueden permitirse. Les permite controlar su destino sin comprometer su sostenibilidad financiera.

Open RAN hace que la soberanía sea económicamente viable y operativamente asequible.


¿Cuál es su perspectiva sobre la fragilidad en relación con los sistemas abiertos y cerrados?

La fragilidad en una red proviene de dos factores: los puntos únicos de fallo y la incapacidad de responder con rapidez cuando algo sale mal.

Open RAN aborda ambos aspectos. Dado que el hardware y el software están desacoplados, es posible sustituir el componente de hardware con relativa facilidad en caso de que surja una perturbación geopolítica o una amenaza de seguridad relacionada con un proveedor específico. Existen múltiples opciones disponibles.

En un sistema de dependencia de proveedor (vendor lock-in), si surge algún problema con su único proveedor, resulta extremadamente difícil desvincularse. El sistema cerrado es, precisamente, el frágil.


Rakuten es una de las muy pocas organizaciones que han construido una red totalmente nativa de la nube a gran escala. ¿Qué les ha enseñado esa experiencia sobre la soberanía?

Los dos conceptos —Open RAN y nativo de la nube— están relacionados, pero deben considerarse por separado. Cada uno aporta algo distinto a la cuestión de la soberanía. Open RAN trata fundamentalmente sobre la desagregación. Nativo de la nube —es decir, Kubernetes,[1] Los microservicios —y las cargas de trabajo en contenedores— constituyen una dimensión diferente.

Los argumentos a favor de la arquitectura nativa de la nube se sustentan en tres pilares. En primer lugar, la velocidad y la facilidad para realizar cambios. En el sector tradicional de las telecomunicaciones, los ingenieros aún deben trabajar durante ventanas de mantenimiento nocturnas para implementar actualizaciones. Si observamos cómo gestionan sus cargas de trabajo de TI los proveedores OTT, las solicitudes de cambio se procesan durante el día y sin tiempo de inactividad, dado que la arquitectura permite la autorreparación. En segundo lugar, la comodidad operativa se deriva directamente de lo anterior. En tercer lugar —y lo que es más importante—: la seguridad. Una red nativa de la nube no es opaca. La visibilidad que se obtiene con una red de este tipo —ya sea para realizar pruebas de seguridad o para integrar algoritmos de seguridad directamente en el pipeline de CI/CD (integración continua/entrega continua)— es muy superior a la que ofrece cualquier sistema cerrado.


¿Cuáles son las implicaciones más amplias del enfoque de Rakuten para los operadores que buscan la soberanía?

Open RAN está cobrando un impulso real este año. Actualmente contamos con más de diez implementaciones de prueba de concepto en funcionamiento y prevemos que cuatro o cinco de ellas escalen en 2026 y 2027. Nuestra implementación de red con 1&1 en Alemania constituye la primera red móvil totalmente virtualizada basada en los estándares Open RAN de Europa, y está experimentando un buen crecimiento. Boost Mobile, en Estados Unidos, es otro ejemplo que lo confirma.

Nuestra implementación de red con 1&1 en Alemania es la primera red móvil totalmente virtualizada basada en estándares Open RAN de Europa, y está experimentando un buen crecimiento.

La tecnología ya no está en entredicho. Las inquietudes en torno al Massive MIMO [Múltiple Entrada, Múltiple Salida], la eficiencia energética y la escalabilidad han quedado resueltas. Lo que falta es la motivación comercial para dar el paso.

De ahora en adelante, cualquier operador que inicie operaciones desde cero (greenfield) optará por Open RAN. Esta arquitectura les brinda la flexibilidad necesaria para migrar de 4G a 5G y, posteriormente, a 6G, sin tener que reemplazar en ningún momento un sistema propietario y cerrado.


¿Cómo ve que la IA está transformando el sector de las telecomunicaciones y plantea nuevas dependencias en materia de soberanía?

En el sector de las telecomunicaciones, existen dos dimensiones distintas que deben tenerse en cuenta. La primera consiste en el uso de la IA para las operaciones de red. La segunda se refiere a los productos nativos de IA, los cuales son todavía escasos. En los ámbitos de los BSS (sistemas de soporte empresarial) y los OSS (sistemas de soporte a las operaciones), el panorama comienza a tomar forma. Sin embargo, en lo que respecta al conjunto más amplio de la infraestructura de red, la IA se superpone a una infraestructura heredada —diseñada hace 20 años— que, por su arquitectura, no está ni «nube-nativizada» ni es nativa de IA. Es posible lograr cierto nivel de automatización sobre dicha base, pero la arquitectura subyacente impone un techo a dicha automatización.

No obstante, el potencial es enorme. La carga colectiva de gastos de capital (capex) y gastos operativos (opex) en el sector global de las telecomunicaciones es masiva, y la IA ofrece una vía significativa para reducirla. Estamos observando que los operadores comienzan a colaborar en este ámbito. Durante el último MWC (Mobile World Congress), AT&T anunció su propia iniciativa centrada en modelos de lenguaje pequeños. Para las operaciones de red, no son necesarios los modelos de lenguaje grandes; lo que se requiere son modelos de lenguaje pequeños, rentables y específicos para cada dominio. En cuanto a las aplicaciones orientadas al cliente —tales como los BSS, la atención al cliente o las interacciones en puntos de venta—, la oportunidad es inmensa y todos los actores del sector están trabajando en ello.


Cuando un país dice que quiere ser dueño de su futuro de conectividad, ¿qué significa eso en la práctica?

En un conflicto reciente, un pequeño número de centros de datos sufrió daños y sistemas bancarios enteros quedaron fuera de servicio. Esto ilustra el riesgo de una dependencia excesiva de un número limitado de activos centralizados. De cara al futuro, los países buscan redes resilientes, construidas sobre múltiples instalaciones de menor escala y dotadas de una automatización que permita una conmutación por error fluida, sin necesidad de realizar inversiones de capital masivas.

Asimismo, estos sistemas deben ser lo suficientemente sencillos como para ser operados por talento local, en lugar de requerir expertos altamente especializados traídos desde el exterior para mantener la red en funcionamiento. Ser propietario de la propia infraestructura implica que esta esté disponible de inmediato, sea transparente y carezca de «cajas negras».

De ahora en adelante, los países desean redes resilientes construidas sobre muchas instalaciones más pequeñas.


¿Pueden las redes soberanas seguir siendo globales e interoperables?

La soberanía no implica fragmentación. Los protocolos están estandarizados. Un dispositivo no funcionará si no cumple con el protocolo. Open RAN se basa íntegramente en el 3GPP, por lo que cualquier persona, en cualquier lugar, puede implementarla. La arquitectura no conlleva ninguna dependencia inherente de un proveedor específico. Los operadores pueden adquirir el software, ejercer su propiedad sobre él y, con el tiempo, tomar el código y modificarlo ellos mismos. Ese es el futuro que vislumbro.

Durante 30 o 40 años, los operadores de redes se han centrado en generar ingresos y garantizar la satisfacción del cliente. El ámbito técnico era problema de otros. Sin embargo, la próxima generación de directores de tecnología (CTO) está empezando a pensar no solo en gestionar la tecnología, sino en poseerla. Si observamos cómo gestionan las empresas su patrimonio informático, vemos que no se limitan a administrar la TI; son sus propietarias. Esa mentalidad de propiedad es la que debe trasladarse al sector de las telecomunicaciones.

Con Open RAN, usted adquiere el software, obtiene su propio hardware, opera la red y no contrae ninguna dependencia respecto a un proveedor en particular. Esta misma lógica se extenderá a toda la pila tecnológica. Allí donde existen estándares —como ocurre en el caso de la RAN—, el proceso resulta relativamente sencillo. En aquellos ámbitos donde aún no existen —como en la observabilidad de la infraestructura—, dichos estándares todavía deben desarrollarse.

Con Open RAN, usted adquiere el software, obtiene su propio hardware, opera la red y no depende de ningún proveedor en particular.


Existe la percepción de que la apertura genera un mayor riesgo de seguridad. ¿Cuál es su opinión?

Un sistema abierto no es, por naturaleza, menos seguro. Si usted es el propietario del sistema, adquiere visibilidad; y con esa visibilidad, puede hacerlo más seguro. Un sistema cerrado y opaco no le ofrece ningún elemento con el que trabajar. Cuando algo falla dentro de una «caja negra», usted no puede inspeccionarla, instrumentarla ni responder ante la situación de manera eficaz. Hemos presenciado casos en los que una vulnerabilidad en la plataforma de un único proveedor afectó a operadores de todo el mundo, obligando a realizar actualizaciones simultáneas y generalizadas. Ese es el riesgo de una dependencia concentrada y opaca.

Si observamos el ritmo extraordinario al que avanzan las capacidades de seguridad impulsadas por la IA, resulta evidente que estas herramientas funcionan mejor en sistemas transparentes e inspeccionables. La función de las pruebas de penetración tradicionales está siendo asumida cada vez más por procesos automatizados, una tendencia que no hará más que acelerarse. El principio es sencillo: sea nativo de la nube, sea transparente y asegúrese de tener acceso a su propia infraestructura. Sin ese acceso, no podrá garantizar su seguridad.


¿Cuáles son sus principales recomendaciones para los CTO y CIO que están construyendo las redes de telecomunicaciones del futuro?

En primer lugar, si se busca alcanzar la soberanía a nivel nacional o regional, los operadores deben colaborar en lugar de competir de forma aislada. Las tecnologías elegidas para el futuro deberían estandarizarse en toda la región; asimismo, los operadores deben trabajar conjuntamente para crear y poseer dichas tecnologías estandarizadas —en lugar de limitarse a gestionarlas—, si bien este proceso requerirá tiempo. La industria ha dependido de un reducido grupo de proveedores durante décadas, y las competencias técnicas necesarias aún no están ampliamente disponibles.

En segundo lugar, la soberanía exige la titularidad no solo de la tecnología, sino también de la infraestructura, así como la asunción de la responsabilidad respecto a su fiabilidad.

En tercer lugar, la resiliencia debe integrarse intrínsecamente en el diseño. El principal desafío reside en el coste. En lugar de construir múltiples centros de datos redundantes, el objetivo debería ser desarrollar arquitecturas que se comporten como si existiera dicha redundancia, pero sin la carga de inversión de capital que esta conlleva. Esto solo resulta viable mediante el uso de aplicaciones nativas de la nube.

If sovereignty is being pursued at a country or regional level, operators must collaborate, rather than compete in isolation.


[1] Kubernetes es un sistema de código abierto que automatiza el despliegue, el escalado y la gestión de aplicaciones en contenedores.