Cuatro estrategias clave para hacer frente a los riesgos cambiantes.

En resumen

  • El envejecimiento de la población y la urbanización están concentrando los riesgos, lo que exige nuevos modelos de suscripción y fijación de precios.
  • La propiedad está evolucionando, impulsando a las aseguradoras hacia coberturas flexibles y modulares.
  • Los clientes desean protección proactiva, no solo indemnizaciones; las alianzas estratégicas son fundamentales.

La composición demográfica de la población mundial está cambiando más rápido que nunca, y las aseguradoras de bienes y responsabilidad civil (P&C) deben estar preparadas. Según el Informe Mundial de Seguros de Bienes y Responsabilidad Civil de Capgemini de 2025, se prevé que la población mundial alcance los 9.660 millones de personas para 2050, frente a los 8.160 millones actuales, lo que equivale a añadir otra China al planeta.

Pero debajo de este crecimiento aparente se esconde una transformación más profunda: la estructura de la población está cambiando. La tasa de dependencia global —la proporción de personas mayores (de 65 años o más) en comparación con las personas en edad de trabajar— está aumentando. Para 2050, por cada 100 personas en edad de trabajar, habrá 26 personas mayores a las que mantener, frente a las 16 actuales, lo que representa un aumento del 63%. Y en la mayoría de las regiones fuera de África, el desequilibrio se intensifica, acercándose a casi una persona dependiente por cada tres trabajadores.

Al mismo tiempo, el mundo se está urbanizando. Casi el 70% de la población mundial vivirá en ciudades para 2050, concentrando a las personas, y los riesgos que conllevan, en entornos más densos y complejos.

Para las aseguradoras de bienes, estas fuerzas del envejecimiento y la urbanización no son meras tendencias macroeconómicas lejanas. Están transformando los fundamentos del riesgo, el valor y la demanda. ¿Qué sucede cuando las personas viven más tiempo, poseen más bienes, se concentran en zonas de alto riesgo y, al mismo tiempo, se alejan cada vez más de los modelos tradicionales de propiedad y comportamiento?

Estos cambios están transformando el panorama de riesgos para las aseguradoras de bienes y responsabilidad civil, desafiando las estrategias de mercado tradicionales, las hipótesis de rentabilidad y el diseño de productos. Es necesario rediseñar la forma en que se evalúa el riesgo, se estructuran los productos y se configuran las carteras. Los consejos de administración deben plantearse las preguntas adecuadas hoy para garantizar que sus empresas sigan siendo relevantes mañana, recalibrando las estrategias de suscripción, adaptando la oferta de productos e integrando nuevas fuentes de datos para afrontar la realidad de un mundo donde las poblaciones están envejeciendo y urbanizándose a gran escala.

Envejecimiento + urbanización = riesgo inmobiliario concentrado y complejo.

El modelo tradicional de riesgo inmobiliario se basaba en poblaciones relativamente dispersas y patrones de propiedad predecibles. Sin embargo, hoy en día, el riesgo inmobiliario se está volviendo más concentrado y complejo. La migración urbana y la tendencia a envejecer en el propio hogar están dando lugar a hogares más pequeños y con personas de mayor edad en zonas de mayor densidad de población.

El Informe Mundial de Seguros de Propiedad y Accidentes de 2025 señala que el 70% de los consumidores no planea cambiar de vivienda, ya sean propietarios que permanecen en su casa o inquilinos que no tienen previsto comprar una. Esto indica una estabilidad a largo plazo en cuanto a la ubicación física, pero no implica estabilidad en términos de riesgo.

Los hogares más pequeños implican un mayor número de personas que viven solas y personas mayores que acumulan riqueza y bienes a lo largo del tiempo (viviendas, obras de arte, aparatos electrónicos, equipos médicos y objetos de valor sentimental), todo ello concentrado en entornos urbanos cada vez más propensos a sufrir catástrofes.

Las compañías de seguros deben responder a tres cambios importantes:

  • Agregación geográfica del riesgo: El riesgo ya no se distribuye uniformemente en una amplia zona geográfica; se concentra en núcleos urbanos más susceptibles a los eventos relacionados con el clima y a la presión sobre las infraestructuras.
  • Concentración de riqueza en poblaciones envejecidas: Los propietarios de viviendas de mayor edad, particularmente en regiones de alto riesgo de catástrofes como Florida o Texas, conservan sus hogares y activos durante más tiempo, lo que crea un desajuste entre la vulnerabilidad de estas poblaciones y la creciente gravedad de los desastres naturales.
  • Desafíos de capacidad y precios: Esta agregación introduce una volatilidad significativa en la suscripción de seguros. Las aseguradoras deben ir más allá de los modelos basados ​​en datos históricos e incorporar análisis demográficos, análisis predictivos e información de geolocalización en tiempo real para establecer precios que reflejen la verdadera complejidad de los perfiles de riesgo actuales.

La definición cambiante de propiedad y valor.

Históricamente, el seguro de propiedad ha estado vinculado a estructuras físicas y tangibles. Sin embargo, esta definición está cambiando.

A medida que las familias se reducen y crece la preferencia por las experiencias, los patrones de propiedad se están redefiniendo. Las personas posponen —o renuncian a— la compra de viviendas, y cuando lo hacen, a menudo eligen espacios más pequeños y urbanos. La encuesta “Voice of the Customer 2025” de Capgemini muestra que el 45% de los consumidores planea aumentar su gasto en experiencias como viajes y ocio, en lugar de acumular bienes o propiedades. Además, el 70% afirma no tener previsto cambiar su situación de vivienda, lo que refuerza la tendencia hacia estilos de vida más flexibles y con menos bienes materiales.

Las implicaciones para las aseguradoras incluyen:

  • Rediseño para la flexibilidad: Los productos de seguros deben reflejar los estilos de vida cambiantes. Dado que los clientes alquilan, comparten o son copropietarios de propiedades, las aseguradoras necesitan ofrecer soluciones modulares: coberturas que se adapten a las diferentes etapas de la vida, tipos de propiedad y modelos de propiedad.
  • De la estructura al contenido: A medida que disminuye la propiedad de los edificios, la cobertura debe centrarse en lo que hay dentro: aparatos electrónicos, objetos de colección, electrodomésticos y mucho más. Estos bienes pueden encontrarse en apartamentos alquilados, espacios de convivencia compartida o incluso en unidades de almacenamiento.
  • De lo tangible a lo intangible: Este cambio demográfico refleja una evolución económica más amplia. Hoy en día, los activos intangibles, como los datos y la propiedad intelectual, representan el 90% del valor de mercado del S&P 500, frente a solo el 17% en 1975. Dado que las personas gastan más en servicios que en bienes materiales, y las empresas dependen más de la propiedad intelectual que del inventario, las aseguradoras deben adoptar nuevos enfoques. El mercado de seguros comerciales está cambiando estratégicamente, pasando de los activos tangibles, como fábricas y almacenes, a los activos intangibles, como los datos y la propiedad intelectual.

El riesgo no desaparece; simplemente cambia de forma. Los seguros de propiedad deben evolucionar de una mentalidad estática, centrada en los activos, a una mentalidad dinámica, orientada a la experiencia y al servicio.

Lo que los asegurados de mayor edad y su entorno necesitan ahora.

A medida que la población envejece y vive más tiempo en entornos urbanos densamente poblados, el modelo tradicional de cobertura de propiedades debe ampliarse para satisfacer necesidades más amplias, a nivel de ecosistema. Cuatro temas destacan:

  1.  Mayor seguridad y protección: Las personas mayores, en particular las que viven solas, necesitan protección en tiempo real. Los dispositivos conectados, como los detectores de humo inteligentes, los sensores de agua y los sistemas de alerta médica, permiten una intervención temprana. Para las empresas, el envejecimiento de la fuerza laboral introduce nuevos riesgos que exigen una monitorización del entorno y protocolos de seguridad adaptables.
  2. Menor complejidad: Los consumidores mayores suelen preferir una cobertura sencilla y predecible que reduzca la carga cognitiva. Las aseguradoras deben centrarse en soluciones orientadas a la prevención que ofrezcan tranquilidad y minimicen la necesidad de tomar decisiones complejas sobre reclamaciones durante situaciones estresantes.
  3. Protección integrada con servicios: El seguro no solo debe reembolsar; también debe brindar asistencia. A medida que las aseguradoras se integran con los proveedores de servicios, las pólizas pueden evolucionar hacia soluciones integrales: mantenimiento del hogar, revisiones médicas, evaluaciones ergonómicas y mucho más. Estos servicios aumentan el valor y fortalecen la confianza del cliente.
  4. Apoyo a las empresas con fuerza laboral envejecida: Se prevé que el mercado de seguros de responsabilidad civil alcance los 1,24 billones de dólares para 2050, con una tasa de crecimiento anual compuesta del 4,9%, impulsado en gran medida por este cambio demográfico y tecnológico. El envejecimiento de la fuerza laboral conlleva nuevos riesgos, desde un mayor potencial de lesiones hasta desafíos en la retención del conocimiento. Las empresas están adoptando la automatización y la tecnología de asistencia, lo que, a su vez, introduce nuevas responsabilidades. Las aseguradoras deben gestionar esta doble evolución: el riesgo humano y la responsabilidad de las máquinas. La responsabilidad personal también está evolucionando, ya que las personas mayores deben gestionar el mantenimiento de la propiedad, la seguridad de los invitados y la respuesta médica, a menudo a través de tecnología para el envejecimiento en el hogar que, a su vez, plantea nuevos riesgos.

El éxito en este entorno requerirá una visión sistémica. Las aseguradoras deben colaborar con empresas de otros sectores para asignar el riesgo de forma inteligente y prevenir fallos en cadena.

Un día en la vida de Maya en 2050

Para ilustrar la complejidad de los riesgos interconectados del futuro, consideremos a Maya: una trabajadora independiente de 68 años que vive sola en un apartamento urbano inteligente en 2050. Su experiencia revela cómo una sola interrupción puede extenderse a través de los ámbitos personal y profesional, activando múltiples pólizas de seguro en cuestión de segundos.

A las 9 a. m., el centro de control inteligente de la casa de Maya falla. Un fallo en su red de IoT provoca una sobrecarga eléctrica en todo su ecosistema doméstico. Las consecuencias son inmediatas: posibles daños por incendio en la propiedad, pérdida de ingresos por trabajos virtuales no realizados e incluso peligro físico por una caída cuando su sistema de realidad virtual se desconecta inesperadamente.

Respuesta del seguro: La monitorización predictiva previene la propagación del incendio, la cobertura automatizada de continuidad del negocio compensa la pérdida de ingresos y se activa un sistema de respuesta de emergencia para comprobar el bienestar de Maya.

A las 12 p. m., un problema de conectividad en su vehículo autónomo compromete la transmisión de datos de la ruta. Los sistemas de frenado fallan y existe riesgo de colisión.

Respuesta del seguro: Se activa una solución dinámica de seguridad para la movilidad. Se activa la anulación de seguridad autónoma, se activa la cobertura de transporte alternativo y la cobertura de responsabilidad civil en tiempo real se ajusta para garantizar que Maya permanezca protegida sin demora.

A las 3 p. m., una vulnerabilidad de ciberseguridad expone los datos personales de Maya. Múltiples fallos en sus dispositivos debilitan sus defensas digitales, lo que resulta en una filtración de datos, posible fraude financiero y daño a su reputación como trabajadora independiente.

Respuesta del seguro: Su plan de ciberprotección inicia automáticamente una reclamación por la filtración de datos. Se activa la protección contra el fraude en tiempo real para bloquear las cuentas comprometidas y brindar asistencia inmediata.

La experiencia de Maya deja algo claro: en el futuro, el riesgo no es lineal. Es complejo, concurrente y en cascada. Los daños a la propiedad, la exposición a la responsabilidad civil, la interrupción del negocio y los problemas de seguridad personal pueden derivarse de un único evento desencadenante. Esto exige un modelo de seguro fundamentalmente nuevo: uno que sea predictivo, integrado y basado en servicios, tanto para particulares como para empresas.

Mejores prácticas para las aseguradoras: Cuatro cambios estratégicos de alto impacto.

1. Recalibrar el enfoque geográfico.

Las aseguradoras deben reajustar sus estrategias de crecimiento a la realidad demográfica:

  • Explorar los mercados emergentes de alto crecimiento. Se prevé que la economía de la India alcance los 30 billones de dólares para 2050, con una fuerte expansión comercial. Las posiciones de entrada temprana serán clave.
  • Equilibrar los mercados maduros y los de crecimiento. Se proyecta que los mercados maduros, como el de Norteamérica, mantengan una gran cuota del sector de seguros de propiedad y accidentes, mientras que se prevé que los mercados en crecimiento, como el de la India, aumenten significativamente su importancia. La diversificación de las carteras es esencial.
  • Suscripción de seguros centrada en las zonas urbanas. Más de la mitad de la población mundial —más de 4 mil millones de personas— vive en zonas urbanas. Dado que el 68% de la población vivirá en ciudades y la mitad de esos habitantes urbanos tendrá más de 50 años para 2050, las aseguradoras deben desarrollar productos adaptados a los centros urbanos densamente poblados y con una población envejecida.
  • Estrategia con conciencia climática. Casi la totalidad de la población mundial —el 98,5%— se enfrentará al riesgo de sequía para 2050. Las aseguradoras deben integrar la exposición al cambio climático en sus estrategias geográficas, especialmente en países como Estados Unidos y Australia.

2. Crear modelos de servicio adaptados a la edad y al estilo de vida de los usuarios.

El diseño de productos y servicios debe adaptarse a la evolución de las capacidades y expectativas de los clientes:

  • Transición de la indemnización a la asistencia. Lo que antes se consideraba un nicho de mercado, los modelos basados ​​en la asistencia se están volviendo esenciales en los seguros de bienes y responsabilidad civil, ya que los consumidores esperan cada vez más apoyo no solo después de un siniestro, sino durante todo el ciclo de vida del riesgo: antes, durante y después del evento.
  • Simplificar las interfaces. La experiencia del usuario debe ser intuitiva, con términos claros, mínima fricción en la toma de decisiones y acceso a asistencia las 24 horas del día, los 7 días de la semana.
  • Facilitar el envejecimiento en el hogar. Dado que el 70% de los clientes no planea mudarse, los servicios que apoyan el mantenimiento del hogar, la salud y la accesibilidad son cada vez más vitales.
  • Proteger las experiencias, no solo las posesiones. La cobertura debe reflejar el auge de un estilo de vida centrado en las experiencias, cubriendo viajes, ocio y responsabilidades relacionadas con los servicios.

3. Establecer alianzas estratégicas con el ecosistema.

La naturaleza interconectada y dependiente de la tecnología de los riesgos del futuro exige colaboración:

  • Integración del ecosistema de movilidad. Dado que se prevé que más del 65 % de las ventas de automóviles nuevos en Europa y Estados Unidos sean de vehículos autónomos para 2040, las alianzas con fabricantes de automóviles y redes de transporte son fundamentales.
  • Alianzas en tecnología para el hogar inteligente y la salud. La colaboración de Nationwide con Resideo Technologies ilustra cómo las aseguradoras pueden aprovechar el Internet de las Cosas (IoT) para mitigar riesgos de forma proactiva.
  • Colaboración público-privada en materia climática. La resiliencia de la infraestructura será crucial para garantizar la asegurabilidad en zonas propensas a desastres naturales. La colaboración con los gobiernos es un imperativo estratégico.
  • Integración de IA y análisis de datos. La solución aiSelf™ de Munich Re demuestra cómo las aseguradoras pueden abordar los riesgos que presentan sus propios sistemas de IA, lo que refuerza la necesidad de una colaboración centrada en la tecnología en las áreas de suscripción de pólizas, gestión de siniestros y atención al cliente.

4. Transformar las estrategias de talento

El envejecimiento de la población está transformando a toda la fuerza laboral del sector asegurador, no solo a los clientes. Las estrategias de gestión del talento también deben evolucionar en consecuencia:

  • Acelerar la transferencia de conocimiento. A medida que los profesionales experimentados se jubilan, los programas de mentoría estructurados y los sistemas de documentación son fundamentales para preservar el conocimiento institucional.
  • Impulsar la capacitación digital. Capacitar a los equipos actuales en análisis de datos, inteligencia artificial y automatización para mantener la competitividad.
  • Retener a los trabajadores mayores. Ofrecer modelos de trabajo flexibles, como jubilaciones graduales, puestos de consultoría y opciones de trabajo a tiempo parcial, para que las voces con experiencia sigan presentes en la organización.
  • Diversificar la contratación. Atraer talento de los sectores de tecnología, ciencia de datos y experiencia del cliente para incorporar nuevas perspectivas al sector asegurador.

La demografía es una prioridad estratégica.

El cambio demográfico ya no es solo una preocupación para el sector de los seguros de vida ni una macrotendencia lejana. Se ha convertido en una prioridad estratégica, operativa y de gestión de riesgos para todas las áreas del negocio de seguros de propiedad y responsabilidad civil.

El envejecimiento de la población actúa como un factor que amplifica los riesgos: las personas mayores dependen más de la infraestructura, son más vulnerables a las interrupciones y resulta más difícil asegurarlas con los modelos tradicionales. Combinado con la urbanización global y el riesgo climático, las amenazas actuales ya no existen de forma aislada. Están interconectadas y se propagan en cascada a través de las líneas de negocio de propiedad, responsabilidad civil y servicios.

Los clientes de hoy ya no buscan simplemente una indemnización tras una pérdida. Quieren ayuda para evitar la pérdida, gestionar las interrupciones y recuperarse rápidamente. Los contratos basados ​​en la asistencia, que antes eran un servicio adicional, se están convirtiendo en un elemento central de la propuesta de valor de los seguros de propiedad y responsabilidad civil.

Las aseguradoras que triunfen en el futuro serán aquellas que actúen hoy: combinando mejoras tácticas en la fijación de precios y la suscripción de pólizas con cambios estructurales a largo plazo en las alianzas con el ecosistema, la experiencia del cliente y la transformación de la fuerza laboral.

El nuevo futuro demográfico ya está aquí. ¿Están ustedes, las aseguradoras de propiedad y responsabilidad civil, preparadas para liderarlo?