La ingeniería se encuentra en la era de la IA. Desde el descubrimiento, el diseño, las pruebas y la fabricación hasta el soporte en servicio, la IA está transformando la manera en que las empresas de ingeniería y de I+D innovan y operan.

La IA está transformando la ingeniería a todos los niveles. Puede acelerar tareas individuales o transformar flujos de trabajo de ingeniería completos mediante ecosistemas de agentes. Reduce la complejidad gracias a interacciones basadas en la intención, lo que permite a los ingenieros centrarse en los resultados en lugar de en los detalles de la implementación. Más allá de la productividad, la IA impulsa productos inteligentes y sistemas físicos capaces de percibir, predecir, adaptarse y actuar de forma autónoma, acelerando así la innovación en ingeniería y generando nuevas fuentes de valor.

La promesa de la IA, cuando se escala en las organizaciones de ingeniería, consiste en ciclos de desarrollo más cortos y en productos y servicios más diferenciados.

De la ambición de la IA a la ingeniería a escala

El acceso a herramientas de IA no es suficiente. La ventaja competitiva surge cuando la IA se integra a gran escala en los procesos de ingeniería y en los productos. Si bien cerca del 80 % de las empresas de ingeniería han implementado IA generativa, pocas han logrado un impacto significativo en los resultados financieros.

Las barreras son de naturaleza estructural. La fragmentación de los datos de productos, las cadenas de herramientas y la infraestructura dificulta la integración y el escalado de la IA. Las dudas sobre la fiabilidad y una gobernanza deficiente limitan la confianza en los resultados de la IA, especialmente en entornos regulados y críticos para la seguridad. La escasez de experiencia que combine conocimientos de IA e ingeniería complica el desarrollo y el mantenimiento de capacidades especializadas. A medida que la IA evoluciona desde los asistentes digitales hacia sistemas con capacidad de actuación autónoma (sistemas «agénticos») y productos inteligentes que interactúan con el mundo físico, las organizaciones deben superar también desafíos relacionados con la integración, la observabilidad, la seguridad y la gestión del ciclo de vida. Entretanto, los proyectos piloto inconexos duplican esfuerzos y tienen dificultades para generar valor.