En los últimos años, las entidades aseguradoras han mantenido una estrategia basada en reunir, analizar y ordenar los datos de sus asegurados con el fin de
gestionar su relación con el cliente.

Esta recopilación de información demográfica es básica para centrar los esfuerzos
de venta de la compañía. Sin embargo, acumular la información acerca del comportamiento
del cliente es un elemento mucho más poderoso que la propia información demográfica.

El comportamiento de un cliente con respecto a una entidad aseguradora a lo largo
del tiempo es lo que se llama el ciclo de vida del cliente. Un cliente comienza
una relación con una entidad aseguradora y conforme avanza el tiempo decide continuar
la relación o finalizarla. En cualquier punto de este ciclo de vida, el cliente
es más o menos propenso a continuar la relación con la entidad y demuestra su
inclinación a través de sus interacciones con la misma.

Si la entidad aseguradora acumula los datos de estas interacciones, éstos se
pueden utilizar para establecer en qué punto del ciclo de vida se encuentra el
cliente. Una entidad aseguradora que puede predecir este momento puede usar esta
información para maximizar, por ejemplo, el retorno en la inversión de publicidad,
enfocándose en clientes predispuestos a contratar, tratando de mantener a los
clientes inclinados a terminar la relación y sin invertir en los clientes que
ya abandonaron la entidad.

Si una compañía aseguradora entiende y puede predecir el ciclo de vida de sus
clientes, puede también desarrollar otros tipos de análisis como:

  • Comparar el efecto de diferentes tipos de publicidad en el valor de los clientes.
  • Detener la deserción de los clientes de una manera costeable.
  • Establecer los parámetros de éxito de un programa de CRM.
  • El conocimiento del ciclo de vida del cliente nos lleva a la conclusión de que
    la orientación es cada vez más importante. Por ello, se considera que lograr ofrecer
    al cliente aquello que necesita y en el momento que lo necesita será la clave
    del éxito en el futuro.

Muchas campañas de marketing resultan infructuosas por el desconocimiento de
las necesidades de los clientes y la falta de segmentación. Por ello, las aseguradoras
son cada vez más conscientes de que esta orientación al cliente implica una estrategia
basada en la segmentación y en el conocimiento de sus necesidades.

La respuesta a esta situación reside en la utilización de bases de datos para
optimizar la relación y reconducir el aumento del valor del negocio. Así, para
llevar a cabo una estrategia de gestión de clientes, las entidades aseguradoras
deben estar preparadas para invertir en tecnología con el fin de:

  • Conocer al cliente y entender su comportamiento.
  • Realizar una segmentación de clientes que permita identificar agrupaciones homogéneas
    a los que orientarse de forma similar.
  • Asignar diferentes valores a los segmentos de clientes, predecir su comportamiento
    e implementar que permitan obtener la satisfacción y retención del cliente.
  • Identificar y maximizar la venta cruzada para incrementar las ventas.

Con todo ello se deduce que una gestión eficaz del ciclo de vida del cliente
es imprescindible para las entidades aseguradoras ya que, aunque el asegurado
se muestre satisfecho, no tendrá dudas en cambiar a la competencia ante mejores
productos, precios más competentes y, sobre todo, ante una prestación de servicio
que no cubra las expectativas generadas en el proceso de compra del producto.

De este modo, el servicio posventa cobra relevancia en la medida en que es el
momento en el que la entidad aseguradora debe ofrecer un solución adecuada ante
un siniestro sufrido por un cliente. Será ésta toma de contacto la que permita
seguir generando confianza al asegurado o, por el contrario, la que rompa el ciclo
de vida con el cliente por no ser capaces de cuidarlo y retenerlo.