El futuro de la banca se lee en la nube

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Enero de 2018 estaba destinado a marcar un antes y un después en el modelo de negocio bancario. La transposición de la directiva europea PSD2 a España marcaba el momento en el que los clientes «tomaban el control de sus datos».

La nueva ley dicta que la banca está obligada a dar acceso a terceras empresas a la información financiera y cuentas de sus clientes (en tanto y cuanto el cliente lo autorice), permitiéndoles hacer negocio con ello. Esto implica que se desdibuja esa barrera que mantenía al banco como gestor financiero o usuario único de los datos de sus clientes. Por ejemplo, un intermediario que permite hacer transferencias rápidas entre particulares o pagos de forma más cómoda tiene ahora un gran recorrido de negocio porque por ley tiene acceso directo a las cuentas de decenas de miles de usuarios de diversidad de entidades financieras.

Con todo, enero ha pasado y, a efectos prácticos, no se aprecian apenas cambios. La sacudida pronosticada por algunos no ha ocurrido. Uno puede preguntarse: ¿Qué ha sucedido? Pues bien, la entrada de una ley no significa que sus efectos sean inminentes, máxime porque, en este caso, el efecto se materializa principalmente en el desarrollo y adopción de determinados puentes tecnológicos por unos y por otros, también conocidos como API.

Las infraestructuras necesarias para que la PSD2 cristalice con plenitud y de forma duradera aún están en camino. Los bancos trabajan para establecer un ecosistema estandarizado en el que diversidad de aplicaciones, propias y de terceros, puedan colaborar entre sí.

En realidad, la PSD2 brinda una gran oportunidad a los bancos para mudar sus sistemas heredados a plataformas abiertas mediante las cuales no solo responden a una regulación, sino que también implantan un modelo colaborativo de comunicación con otras empresas que les puede generar sinergias y brindar beneficios.

¿Cómo debe ser esta nueva arquitectura para que realmente coloque a la banca en una posición competitiva de futuro? Hay dos criterios críticos: los cimientos deben asentarse necesariamente sobre la nube y las aplicaciones que en ella se alojen deben ser nativas del cloud para aprovechar todos sus beneficios.

Esto permitirá adoptar una estructura más parecida a una red en constante flujo y movimiento que a una serie de programas estancos e independientes que se comunican ocasionalmente y en los que la entrada y salida de datos es manual, en su mayor parte. Generalizar el uso de aplicaciones cien por cien nativas resulta en una mayor eficiencia de la infraestructura y, por ende, en una mayor automatización de las operaciones. También, el hecho de reforzar el control sobre el flujo de información transmitida, facilita el cumplimiento de los estrictos estándares legales y mejora la trazabilidad para depurar fallos y subsanarlos más rápidamente, en caso de que los haya.

El sector financiero es muy consciente de la importancia de usar aplicaciones nativas. No en vano, además de asentar sobre ellas un ecosistema de API como estamos viendo, las entidades apuestan por ellas para transformar el negocio en pro de más agilidad y flexibilidad y para optimizar la eficiencia operativa a través de la IaaS de nube pública.

Un 27% de sus directivos afirma que las aplicaciones nativas en la nube forman parte del núcleo de su estrategia cloud y un 41% señala que lo será en 2020. Más aún, hablamos de un entorno escalable, esto es, cuantas más aplicaciones sean nativas en la nube, más partido se le puede sacar a los datos de la organización. En este sentido, un 88% de los ejecutivos de empresas que están adelantadas en esta tecnología señala que su organización ha mejorado la agilidad operativa y un 84% indica que ha aumentado los ingresos y reducido los gastos operativos.

Para profundizar hacia este modelo nativo, las entidades apuntan hacia un modelo de Platform as a Service (PaaS) integral que construyen con diferentes modelos. Un 47% de los bancos se decantan por un sistema llave en mano, como los que ofrecen Pivotal Cloud Foundry o IBM Bluemix, apropiado para proyectos de gran envergadura y que buscan la simplicidad y la velocidad. Un 27% prefiere desarrollar sus propios servicios de nube desde cero a través de su propio equipo, una opción adecuada para organizaciones con una estrategia clara y diferenciada para la nube y que ya tienen cierta experiencia en este campo. Una tercera vía pasa por utilizar una plataforma pública, como Amazon Web Services (AWS) o Azure de Microsoft, que ofrece una base sobre la que construir aplicaciones de forma rápida y sencilla. Esta alternativa es apropiada cuando existe una estrategia clara de concentrar sus inversiones en un proveedor de servicios en la nube y que implicará seguir trabajando con él proveedor a largo plazo.

Sea cual sea la opción elegida para establecer su nuevo marco de trabajo colaborativo, lo que es claro es que la nube y las aplicaciones nativas van a jugar un papel crítico en el futuro de la banca y su relación con terceros, como las fintech. Elegir el modelo de nube es algo tan decisivo por todo lo que tiene de estratégico: se trata de decidir sobre un nuevo modelo de negocio de la banca, que va a condicionar el lugar que esta ocupará en las vidas de sus clientes

 

Para más información sobre Cloud Native, descarga nuestro informe La nube nativa alcanza la mayoría de edad en el sector financiero.

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