Blockchain: la nueva huella de riesgo

La confianza es clave en cualquier interacción social. Cuando conducimos confiamos en que el resto de conductores y peatones respetarán las normas de tráfico. De igual forma, al comerciar, debemos confiar en que la persona con la que tratamos no nos engañe cuando negociamos con ella.

La realidad es que conforme la economía y la sociedad han ido evolucionando, hemos tenido que crear sistemas que generen confianza y fomenten la transparencia, como los de detección y prevención del fraude, a un coste. El proceso casi siempre involucra a un intermediario que centraliza y supervisa los procesos transaccionales. El Estado, por ejemplo, es el que autoriza que los diplomas universitarios tienen validez. ¿Pero qué pasa si ese nexo se equivoca, falla, se atasca o simplemente no es lo necesariamente eficaz? ¿Y si se expide un título de doctor a un arqueólogo?

Blockchain o DLT (Distributed Ledger Technology) vislumbra un nuevo panorama en la búsqueda de sistemas seguros y confiables, en su más amplio sentido. De manera simple, esta tecnología es una base de registros alojada en un número indefinido de servidores que se sincroniza automáticamente. Esto tiene dos grandes ventajas: por un lado, siempre está actualizada. Por otro, si desde un ordenador se intenta cambiar fraudulentamente alguno de los datos contenidos en ella, el resto se da cuenta y rechaza el cambio.

Uno de los grandes retos a los que se enfrentan las aseguradoras es analizar y comprobar el riesgo que comporta suscribir pólizas con sus diferentes clientes actuales y potenciales. Los procesos KYC (Know Your Customer), que sirven, entre otras cosas, para estimar los niveles de riesgo para cada caso, suponen una gran inversión en recursos y tiempo. Además, estos costes han aumentado en los últimos años por las medidas promovidas contra el blanqueo de capitales y la para la protección de datos. De hecho, según The Boston Consulting Group, las instituciones financieras gastan en estos procesos entre 16.000 y 19.000 millones de dólares al año .

El elevado coste que supone el conjunto de estos minuciosos análisis hace que, para el caso de los clientes particulares o pequeñas empresas, se tengan más en cuenta sus categorías básicas (ej.: sexo, edad, color del coche o sector) que otras características individuales pertinentes. Esto redunda en una asignación de pólizas inadecuada y que no tiene por qué incentivar adecuadamente el buen comportamiento. Más aún, puede llevar a que las aseguradoras pierdan oportunidades de negocio al rechazar clientes de tamaño medio por ser, por ejemplo, de ciertos países o porque se le exigen primas sobredimensionadas que no pueden asumir.

DLT permitiría resolver este problema creando una cadena de datos para cada persona (ya sea física o jurídica) que supondría una nueva forma de huella digital tal como hoy la conocemos. Esta sería anónima y vinculada a un código, de forma que la persona a la que pertenece pudiera identificarse ante una institución al introducirlo. De hecho, son muy prometedoras las DLT compuestas, pues permitirían o denegarían el acceso a datos a una empresa según el tipo de información que el usuario considere pertinente (del mismo modo que al descargar una aplicación para el móvil decide si esta tiene permisos para acceder a la ubicación, contactos o cámara).

Esta tecnología permitiría no solo ahorrar costes a las aseguradoras en procesos de KYC (BIS Research estima una reducción de gasto para las instituciones financieras de entre 6.000 y 8.000 millones de dólares al año ), sino también a ser más eficientes y competitivas. Una mejor evaluación de los riesgos ayudaría a realizar provisiones más adecuadas al tipo de cliente y a mejorar la contabilidad interna. Todo esto, sin tener en cuenta las enormes posibilidades de marketing para personalizar los productos ofrecidos. Si juntamos esta tecnología con otras como Big Data o Data Analytics podría mejorar enormemente la prevención de riesgos. Si sabemos que un cliente realiza cierto tipo de actividades incluidas en su DLT particular, la aseguradora puede realizar recomendaciones, ofrecer productos diferentes o sencillamente comunicarse con ella a través de canales distintos.

[Office1]http://www.bankingtech.com/2017/10/regtech-to-the-rescue/

[Office2]https://www.datamation.com/applications/blockchain-poised-to-deliver-big-savings-to-financial-services-firms.html

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Lucía González
8 Febrero, 2018
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