La FDA (Food and Drug Administration) es la agencia estadounidense responsable de la regulación de alimentos, medicamentos, cosméticos, aparatos médicos, productos biológicos y derivados sanguíneos. Es la encargada de velar por la seguridad de la población y de los animales en cuanto a estos productos se refiere y de hecho ningún medicamento puede ser comercializado si no ha sido aprobado por ella.

Hace unos días se conocía la noticia de que 9 grandes compañías tecnológicas, entre las que se encuentran Apple, Fitbit Inc., Samsung Electronics Co., Verily Life Sciences, Johnson & Johnson y Roche Holding AG, comenzaban un programa piloto con la FDA para conseguir adecuar los procedimientos por los cuales esta agencia podrá comenzar a revisar y verificar el software creado relacionado con la salud.
La importancia de este programa es alta ya que uno de los previsibles resultados será un nuevo protocolo que permita conseguir la acreditación de la FDA más rápidamente, lo cual no sólo será una ventaja para las compañías tecnológicas, sino que también creará un punto de control que asegurará la fiabilidad de las aplicaciones.

En este sentido Apple indicaba hace unos días que está estudiando usar las mediciones que realizan sus smartwatch como posible fuente de monitorización de dolencias cardíacas. De hecho, en la actualidad ya existen en el mercado dispositivos que miden incluso el nivel de insulina en sangre con sensores sin falta de realizar pinchazos, lo cual conlleva la posibilidad de adaptarlos e incorporarlos en un futuro a diferentes gadgets. Una vez establecido un procedimiento eficaz, se podrán realizar valoraciones de niveles de ciertas moléculas en sangre que, unidos junto con la medición de la presión arterial y las pulsaciones, pueden detectar a tiempo ciertos síndromes cardíacos, pero también otras enfermedades crónicas.

Es cierto que ya existen un montón de aplicaciones médicas que analizan los síntomas de los usuarios para darles un diagnóstico más o menos certero, o que simplemente ofrecen información de posibles tratamientos para dolencias específicas. Si analizamos fríamente la finalidad de este tipo de aplicaciones cabe pensar que deberían estar sujetas a la supervisión de la FDA, al igual que los medicamentos o los alimentos, ya que emitir un diagnóstico con un falso negativo podría estar en riesgo la vida de un paciente.

Algunos estudios tratan de evaluar la viabilidad y posibles beneficios de sustituir algunas consultas médicas, como aquellas que se realizan para derivación a especialistas o de control rutinario de enfermos crónicos, por un sistema que permita al médico y al paciente conectarse vía internet o incluso que el paciente porte un sistema de detección y monitorización que envíe directamente los datos al centro médico. No obstante, este último punto también es susceptible de un análisis más profundo ya relacionado con el tema de la seguridad de los datos y la privacidad de los mismos.
Parece por tanto muy claro que la medicina está comenzando a estar sujeta a la llamada cuarta revolución industrial, siendo totalmente imprescindible introducir el software dentro de las regulaciones sanitarias internacionales. Pero también abre un nuevo nicho de mercado, el de la creación de aplicaciones específicas para el entorno sanitario.