En cualquier organización, independientemente de su estado tecnológico, existe una gestión de la información. Esta información, cuando se trata de una organización sanitaria, es especialmente sensible y al mismo tiempo especialmente valiosa: los datos de salud son sin duda a los que más importancia damos.
 
En las organizaciones sanitarias, como en muchas otras, existe un primer estadio de madurez tecnológica en el que la información fluye a través de listados de datos. Poco a poco estos listados pasan a ser informes cuya información se encuentra ya trabajada y ha sido definida convenientemente para aportar valor al negocio.
 
En el ámbito sanitario, el siguiente paso suele ser la definición de indicadores que, agrupados en cuadros de mando, nutran de información a las diferentes áreas de la entidad sanitaria en cuestión. Así pues, se mide qué sucede cuando acudes a tu médico de cabecera, que te deriva a un especialista, cuánto y por qué tenemos que esperar a la cita médica que necesitamos. Se genera información sobre las urgencias hospitalarias, sobre qué sucede una vez has sido hospitalizado y en qué condiciones se interviene quirúrgicamente a los pacientes (en este sector, del que todos formamos parte, los clientes somos pacientes). Y así hasta completar el ciclo completo que cubre a nuestro sistema sanitario.
 
Pero el Business Intelligence tiene la obligación de llegar más allá: ayudar a los directivos a tomar decisiones es muy importante, pero ¿y si pudiéramos ayudar a los facultativos a hacer mejor su trabajo? ¿Y si pudiéramos darles información que de manera directa redundara en una mejor atención y una mejor salud para los ciudadanos?  ¿Y si los médicos pudieran conocer, cuando van a recetarnos un medicamento, los riesgos reales que suponen para cada paciente concreto?  ¿Y si pudiesen acceder al historial de alergias, interacciones y efecto de la dosis de cada medicamente en pacientes similares a ti cuando te lo recetan?
 
Es más, si cada vez más enfermedades mortales pasan a ser crónicas y si existen tantos protocolos sanitarios que indican, en base a información contrastada, cómo tratar y controlar a los pacientes que las padecen ¿por qué los médicos de atención primaria no disponen de herramientas sencillas qué les permitan identificar a sus pacientes de riesgo y aplicarles los procedimientos definidos? De esa forma podrían anticipar un tratamiento, pautar las visitas y el seguimiento. Podrían anticipar tu tratamiento y mejorar tu calidad de vida.
 
Esta información, compleja y basada en grandes volúmenes de datos, ya empieza a estar disponible, pero las organizaciones sanitarias (y a los profesionales del Business Intelligence) tenemos todavía mucho camino por andar.