No resulta difícil encontrar en Internet versiones similares de aquella historia de los tres picapedreros que se hallaban afanados en la construcción de un gran edificio, y a los que se dirigió un viajero, admirado por la magnitud de la obra de la que no había oído nada anteriormente, para preguntarles qué es lo que estaban haciendo.

El primero de ellos respondió, seguramente con algo de displicencia, “pico piedra”. El segundo respondió, tal vez algo resignado, “me gano el pan”. Y el tercero respondió, seguramente con bastante más entusiamo, “construyo una catedral”.

A menudo recuerdo esta historia porque tengo la impresión de que la mayoría de los profesionales que trabajamos en las distintas tecnologías de la información tenemos la sensación, como les ocurría a los dos primeros picapedreros, de no hacer otra cosa que picar todo el día (de hecho muchas veces cuando estamos tecleando lo llamamos estar picando), y que nos ganamos el pan participando en proyectos de un tipo u otro.

Pero a mi me gusta pensar que hacemos catedrales; catedrales de la era tecnológica. Que cada vez que hacemos un diseño, mejoramos un sistema, o construimos una solución, estamos poniendo un ladrillo en la gran obra colectiva de dotar al planeta Tierra de lo que se terminará convirtiendo en su cerebro colectivo, capaz de gestionar la economía, la energía, los recursos naturales, los transportes, la producción de todos los bienes del sector primario y de toda la industria, la provisión de todo tipo de servicios, la educación, la comunicación, de gestionar todo el acervo y conocimiento humano, de preservarlo y amplificarlo. Estamos contribuyendo a que sea posible tener ciudades más inteligentes, más límpias y eficaces en procurar un entorno más humano a sus habitantes. Estamos contribuyendo también a mejorar la calidad de vida de millones de personas, e incluso a que como especie estemos ampliando nuestros horizontes en el espacio…

Creo que no se trata de una visión mística o romántica. Creo que responde a la realidad. Además es mucho más motivador sentir que estás participando en una gran obra, que no mirar más allá de la pantalla y del teclado con los que trabajas.

También para los clientes es válida esta visión. Cada vez que se innova en IS, que se mejoran las infraestructuras IT, que se amplía la conectividad, que mediante proyectos de “big data”, de BIM, BPM, CRM, Movilidad, etc.., se consiguen nuevos hitos, se está contribuyendo a la obra colectiva.

La variedad y calidad de nuestros servicios profesionales, y la fuerza que representa el que seamos más de 125.000 personas comprometidas con ello, da fe de que esta es una gran empresa, en el sentido clásico de la palabra.

En definitiva, en Capgemini hacemos bastante más que brindar y desarrollar servicios IS, hacemos catedrales. ¿O no?