Esta expresión en español siempre quiso decir que todo está carísimo, que la vida está muy cara, que así no hay quien se atreva o permita comprar nada, etc..
Siempre, por otra parte, “estar en las nubes” fue sinónimo de estar cuando menos despistado, de no enterarse de nada, de vivir en definitiva en un mundo irreal.
Pero ahora resulta que todos los proveedores de servicios e incluso de infraestructuras de IT están poniendo todo “en la nube” con la promesa de que es más barato así que hacerlo a la manera tradicional, la cual, por analogía, debería llamarse “en la tierra”, o en castellano pardo, “con los pies en el suelo”, lo que, dicho, de esta forma, aporta un sentido de sensatez necesario y conveniente para moverse por el mundo.
Hace unos días he leído que una importante entidad financiera ha decidido, nada más y nada menos, que poner todo su entorno colaborativo interno en la dichosa “nube”, de manos de un proveedor global, que posee una infraestructura que debe ser colosal (aunque parece que nadie sabe dimensionarla bien) distribuida en varias zonas del mundo, y que es uno de los realmente grandes en esto de la presencia en Internet.
Reconozco que yo, a título personal, soy usuario entusiasta de esos servicios en “vaya usted a saber dónde están” (en la nube), y alojo en los mismos documentos, agendas, calendarios, marcadores, etc, lo que resulta realmente útil, cómodo, y ¡gratis!. Además me brindan ubicuidad, poder acceder a ellos desde cualquier sitio, sin tener que llevar nada encima., y me liberan de tener que hacer backups, etc. Resulta perfecto.
Pero, ¿y para las empresas?